DEL TORO DE LA VEGA A LAS VACAS SAGRADAS

ARTÍCULO DE OPINIÓN EN EL BLOG MIGRADOS, EL PAÍS.

Por: Sagar Prakash Khatnani | 10 de octubre de 2014

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Celebración del Toro de la Vega en Tordesillas. / Fernando García Arévalo (El País)

Emigrantes o no, es comprensible que muchas personas contemplen con estupor y reprobación cierta clase de festejo tradicional donde se trasviste la barbarie de cultura y tradición, términos que más adelante analizaremos, y que en ocasiones se adulteran de manera advenediza en una suerte de cajón de sastre. Si para muchos españoles resulta difícil entender el extraño concepto de cultura de alguno de sus pueblos, este sentimiento se acentúa especialmente en los foráneos, que beben de otras aguas.

¿Cómo ve un emigrante indio la celebración del Toro de la Vega, los correbous o los encierros? ¿Sucede algo parecido en su país de origen?

La comparación es una herramienta de análisis que permite, si no alcanzar, al menos acercarse a la verdad. Aplicada para observar diferentes culturas e idiosincrasias mediante la contraposición de ideas y pareceres, puede arrojar algo de luz y perspectiva.

En un intento de ejemplificación, muchos caen en la tentación bienintencionada de loar la gran sensibilidad oriental comparando su comprensión ancestral y su respeto por el resto de seres vivos con la visión cruenta y antropocéntrica de este festejo taurino. De hecho, desde 2011, en India el toro forma parte de la lista de animales -junto al oso, el mono, el tigre, la pantera y el león- que está prohibido “exhibir o entrenar para espectáculos”, según su ley contra el maltrato de animales.

Pero, ¿es oro todo lo que reluce? Debemos de entender que la India es el país con mayor población vegetariana en el mundo, con una antiquísima historia de ahimsa, término sánscrito que se recoge en uno de los textos más antiguos de la humanidad, losupanishads, (siglo VII a.C.), que aboga por la no violencia, por el respeto a la vida y los seres capaces de sentir. De hecho, tres grandes religiones del país, el budismo, el hinduismo y el jainismo, beben de esta doctrina pacífica que durante siglos ha moldeado la moral y juicio de su gente, y que más adelante fue enarbolada por Gandhi con su ideología satiagraha o fuerza de la verdad. En este escenario, no es de extrañar que uno pueda encontrar gallinas, cabras, perros, vacas, búfalas, monos e incluso ratas vagando por las calles de India en convivencia con los humanos, en muchas ocasiones en un estado deplorable y antihigiénico ante la impasibilidad cómplice de sus habitantes, sin que nadie mate un animal, pues sería juzgado como una acción o karma negativo que le conduciría a una reencarnación en peor vida. Siendo por tanto, en ocasiones, un respeto basado más en el temor que en el entendimiento.

En la India antigua, se deificaba a las vacas porque eran más útiles vivas que muertas: proveían leche y bueyes, los cuales a su vez proporcionaban fuerza motriz y estiércol, abono y fuente de energía. El tabú religioso impedía que, en períodos de escasez, los hindúes cayesen en la tentación de matar al animal. Pero, actualmente, en un país industrializado y con la mayor población de ganado vacuno del mundo, las vacas viejas y enfermas que no dan leche, o el ternero macho que no sirve para la carga, son condenadas por las lecherías clandestinas a vagar por las calles, sin agua ni comida, dejando un rastro pestilente de heces a través del tráfico, alimentándose de los deshechos, incluso papeles y plásticos que acaban enfermándolas.

Si bien existen los goshalas, refugios de protección creados por el Gobierno que se centran en su tratamiento y bienestar, la contratación de mano de obra barata y poco cualificada provoca una alta tasa de mortalidad de los animales. Además se sospecha que estas vacas y toros son vendidos y enviados a más de 30.000 mataderos clandestinos -ya que su matanza está prohibida en muchos Estados- para satisfacer la demanda de carne y piel.India es uno de los principales productores de carne de vaca y el segundo mayor productor de calzado y prendas de cuero del mundo.

Aún así, no es lo mismo dar una muerte rápida al animal para alimentarse de él, que torturarlo hasta la agonía por placer y puro espectáculo.

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Vacas entre la basura en los alrededores de Udaipur, India / Lola Hierro

Cada cinco años, en el Festival Gadhimai de Nepal, el ritual religioso con animales más sangriento del mundo, son mutilados y ejecutados a machetazos 500.000 mil búfalos de agua, vacas, cabras, bueyes y hasta palomas. Todo ello, patrocinado con dinero público y en la presencia de niños. Se calcula que 200.000 de estos animales son vendidos por indios a través de la frontera. La organización Igualdad Animal ha logrado que este año se bloquee el transporte de animales para este fin.

Parece que en todos lados se cuecen habas; cada sociedad trata al resto de seres vivos en consonancia con su desconocimiento. Unas los divinizan a conveniencia histórica y social, otros los torturan por los mismos motivos. Unos emplean el temor para preservarlos, otros para atacarlos. El utilitarismo humano los convierte en meros medios de lucro, de placer, seres mudos e indefensos a merced de la perversión y la injusticia ante la complicidad de gobiernos, políticos y ciudadanos.

Lo cierto es que hay actos que, aunque perpetrados por algunos, nos atañen a todos, pues nos definen como sociedad. La mera permisividad ante quienes los llevan a cabo supone ser cómplices de sus tropelías.

Muchos que están a favor de estos festejos reclaman tolerancia y respeto por sus tradiciones; sin embargo, la propia intolerancia del acto que llevan a cabo desacredita su exigencia.

Otra falacia típica que emplean los defensores de estas celebraciones es el argumento ad antiquitatem, donde se legitima la tortura del animal basándose en que ésta ha sido tradicionalmente considerada correcta, sin tener en cuenta que la tradición puede estar basada en fundamentos incorrectos. Apelan a la antigüedad, como si el tiempo, mediante un axioma extraño, legitimase un error hasta tonarlo en acierto.

¿Existe realmente el arraigo histórico? ¿No tenemos libertad de elección sobre nuestros condicionamientos culturales? Aprender de la historia siempre pero identificarse con dogmas e ideologías es caer en el cautiverio de la ignorancia. A pesar de nacer como una tabla rasa, las costumbres aprisionan al individuo, transformándolo en un siervo de sus hábitos, sin conciencia propia.

Cultura es comprensión, expresión, creatividad; incluye, no destruye. Cultura no puede ser jamás tortura, dogmatismo, tradición e ignorancia, mucho menos violencia.

Comprendo el boicot de No pares en Tordesillas, pero entonces habría que extenderlo también a No pares en Castellón o No pares en Tarragona por los toros embolados, No pares en Algemesí por las becerradas, No pares en Lodosa por el toro ensogado, No pares en Madrid por las corridas de toros y así ad infinitum, hasta acabar por no salir de casa. Lo que hay que hacer es cambiar las mentes, educar, y hasta que eso sucede, algo mucho más inmediato y efectivo, crear leyes contra el maltrato animal que disuadan a los baladrones.

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