Feliz Diwali

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ARTÍCULO PUBLICADO EN EL PAÍS, MIGRADOS

Por: Sagar Prakash Khatnani | 23 de diciembre de 2014

Con la llegada de los meses de octubre y noviembre, una gran mayoría de los emigrantes indios en España habrá sido abordado alguna vez con la pregunta: “¿Qué es el Diwali?”. Al contrario que muchas otras celebraciones foráneas, como el Ramadán, el Janucá o incluso Halloween, ésta festividad de origen indio es aún desconocida para la población local. En parte porque es huidiza, no tiene fecha concreta según nuestro calendario gregoriano. De hecho, la fecha del Deepavali se rige por el calendario hindú Panchangam, y se celebra en el mes de Karttika, es decir, entre los meses de octubre y noviembre.

Cada año en España, miles de hindúes, jainistas y sijs celebran la llamada fiestas de las luces durante la noche más oscura del año. Cientos de millones si hablamos a nivel planetario. Para hacernos una idea, si hiciésemos una comparación con otras tradiciones religiosas, podríamos decir que el Diwali equivale para ellos a las Navidades cristianas.

Pero, ¿qué festejan? Existen varias versiones: por un lado, la muerte del demonio Narakasura a manos del avatar Krishna y la liberación de dieciséis mil doncellas que éste tenía prisioneras; por otro, conmemora la vuelta de Rama y Sita a su reino tras catorce años de destierro. Según la famosa epopeya de Ramayana, cuando Rama recuperó a su esposa Sita – secuestrada por Ravana, rey de los demonios- y volvieron a Aiodhia, los habitantes de la ciudad inundaron las murallas y los tejados con luces y lámparas para guiarles en el camino de vuelta -de ahí la tradición de encenderdiyas, lámparas de aceite, durante la noche-. A su llegada, fueron acogidos con honores y la sacralización hizo que Rama representara la reencarnación del propio Vishnu y Sita la de la diosa Lakshmi, portadora de fortuna y buena suerte, así como prosperidad y riqueza. Desafortunadamente, muchos olvidan el final misógino y machista al que fue condenada Sita a su regreso, pero esa es otra historia.

Debido a que en España la celebración concurre en días laborales, la mayoría de emigrantes indios suele celebrar únicamente la festividad principal. No obstante, el Diwali en India consta de cinco días: Dhanterasrememora la llegada de la diosa Lakshmi y el dios de la salud Dhanvantari-, Naraka Chaturdasiconocida como “pequeña diwali” y acompañada de múltiples rezos-, Lakshmi Pujaprincipal día festivo-, Balipratipada –se festeja el amor y la devoción entre los cónyuges, similar a los aniversarios en otras partes del mundo- y Bhaiya Doojconmemora la relación amorosa y de unión entre la hermana y el hermano-.

Durante estos cinco días, se limpian, renuevan y decoran templos, casas y negocios. Se dibujan en los pasillos, en las oficinas o ante las puertas de entrada los exóticos rangolis, diseños hechos a base de arroz, harina coloreada, pétalos de flores y velas. Todas las puertas y ventanas están abiertas para dar la bienvenida a la diosa Lakshmi y también se hacen ofrendas al dios Ganesh, conocido como el disipador de obstáculos. Lakshmi simboliza la riqueza y la prosperidad, y sus bendiciones se invocan para un buen año venidero. Son días importantes para la adquisición de joyas de oro y plata. Se realizan baños con aceite fragante, y las mujeres decoran sus manos con henna. Se hacen regalos entre amigos y parientes, se luce ropa nueva. Las familias están atareadas cocinando dulces tradicionales. Después de los rituales religiosos, la gente sale a las calles a disfrutar de los fuegos artificiales. Los niños encienden luces de bengala y variedad de petardos como una forma de ahuyentar a los espíritus malignos, y tras ello las proles se congregan para saborear los dulces tradicionales.

En lugares de España donde residen grandes comunidades de emigrantes indios como Tenerife, Ceuta o Madrid, se celebra también los “Diwali ball”: bailes coreografiados, subastas con fines benéficos, degustación de platos y talleres de artesanía folclórica.

Como otros tantos hijos de emigrantes, cuando éramos niños, mis hermanos y yo debíamos ir a la escuela y, aunque era un día común para los demás, era fiesta en nuestros corazones. La mañana estaba impregnada con ese aroma a cumpleaños que tan solo importa a quien los cumple.

Al llegar a casa mi madre nos ayudaba a encender las velas. Según la tradición, en la noche de Diwali si Lakshmi encontraba nuestro hogar a oscuras no podría entrar, por lo que siempre debíamos dejar la luz y algunos diyas encendidos.

Recuerdo que aquella noche dormía dando la bienvenida a la prosperidad y deseando en lo más profundo escuchar los payal de Lakshmi, las pulseras de sus tobillos, acercándose a mi cama para bendecidme.

Lo cierto es que, con el paso de los años, caí dormido. Aquellas tradiciones quedaron diluidas por la pérdida de identidad cultural, por la inevitable mimetización con las costumbres locales, pero también por el desarrollo de un espíritu crítico en pro del juicio y la razón. En consecuencia, como otras nuevas generaciones, he asistido al Diwali con la indolencia de aquellos compañeros de clase de la infancia: como un día más; que no es poco.

Cuando la gente me pregunta: “¿Qué es el Diwali?”, no le hablo sobre tradiciones, sobre mitología o sobre el calendario Vikrama Samvat; le hablo sobre su significado. El Diwali simboliza el triunfo de la luz, la virtud y el amor frente a la oscuridad, la ignorancia y el miedo. La victoria del bien sobre el mal.

Es Diwali cuando un hombre enjuto y valiente como Vicente Ferrer entrega su vida a luchar contra la pobreza en una región desolada por el hambre y la ignorancia. Es Diwali cuando Malala, una niña que con la fuerza de sus ideas, un lápiz y un papel, está dispuesta a cambiar el mundo. Es Diwali cuando el pueblo se organiza contra las oligarquías y los políticos corruptos. Cuando la filosofía vence al fanatismo. Cuando Philae pisa 67P gracias a los ingobernables de corazón, a Al-Juarismi, a la filosofía natural, a Euler, a los perseguidos de la Historia que han relevado la antorcha de la humanidad para avanzar un paso más en este camino feroz e incierto. Cuando hombres y mujeres del “punto azul pálido” ofrendan su alma al fuego de la pasión.

Ante éstos seres las velas, los fuegos artificiales, las deificaciones y el boato pierden importancia, porque en lugar de puertas y ventanas, ellos han abierto su mente y su corazón de par en par para recibir a Sita. Han mostrado que la oscuridad no se vence luchando contra ella, sino atizando una llama, encendiendo el diya del conocimiento. Quizá, igual que Ítaca, Aiodhia siempre estuvo en nuestro interior.

Y en días así, me parece escuchar los payal de Lakshmi acercándose a mí, y le doy la bienvenida.

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